jueves, 3 de julio de 2008

ALIMENTACIÓN DE LOS ANTIGUOS MORADORES TARASCOS


En general se alimentaban con tortillas, tamales, pinole, atoles preparados con masa de maíz mezclada con frutas, y semillas de parota y de cacao. La dieta incluía carne de venado, conejo, armadillo, tlacuache, ardilla, mapache y jabalí; guajolote, domesticado o silvestre; iguanas, lagartos, peces, y mariscos que recogían en el mar o en los ríos. Acerca de lo hábitos alimenticios, La Relación de la Provincia de Motines alude que “comían carnes asadas como venados y puercos monteses; comían tigres y leones, tejones en hornados, cuyas carnes les sabían muy bien con su chile y su pipian y criaban una casta de perros para comer, que tenían el pelo muy corto y con poco mantenimientos engordaban y criaban enjundias y estando así de gordos los mataban y hacían banquetes y esta casta de perros ha perecido que no hay ninguna ahora.
Por otro lado, existen referencias sobre el empleo de semillas de mojo y parota para prepara pinole y atole.
En cuanto a las tareas relacionadas con las actividades económico-productivas, en La Relación de Michoacán se mencionan varios funcionarios[1]:
Los atzipecha, vigilaban los campos de cultivo pertenecientes a la brecha en los pueblos conquistados.
Tareta uaxatati; se desempeñaba como coordinador de los que vigilaban el cultivo de la tierra.
Uruca uandari; era el responsable de recoger las mantas de algodón, las esteras y los petates.
Cuaspati, tenían la misión de recolectar el maíz, el fríjol y el chile y llevarlos a los lugares de almacenamiento.
El quengue se encargaba de coordinar a los recolectores del maíz.
Entre los tarascos, como en otras sociedades mesoamericanas la tenencia de la tierra y su explotación desempeño un papel importante para su desarrollo económico y social, por tratarse de un pueblo sedentario, cuya economía tenía su base en la agricultura; además, el control de la tierra permitía a un grupo reducido mantener su dominio sobre los demás estratos de la sociedad. El control de la tierra y su aprovechamiento para una diversidad de cultivos favoreció al pueblo tarasco para consolidarse económica y militarmente.
El sustento seguía basado en el consumo del maíz, chile, fríjol y otras semillas que recogen y siembran en gran cantidad. Los religiosos e hispanos avencidados introdujeron el cultivo del trigo, cebada, frutas y hortalizas de castilla.
[1] OCHOA, Serrano Álvaro y Gerardo Sánchez Díaz. Breve historia de Michoacán. México. F.C.E. 2003. Pp. 23, 26, 27, 60.